Es poco habitual estar a solas en una montaña tan imponente como es el Naranjo de Bulnes, los días 17, 18 de octubre toda ella lo fue para nosotros, al menos lo fue durante unas horas, el 18 por la tarde se suma otra cordada también por la este, pero la casi exclusividad de este hecho significaba mucho, la sincronía con la montaña, el sentimiento, las sensaciones, son maneras diferentes de exteriorizar cada uno lo que siente, por otro lado siempre está el temor de algún accidente, en estas condiciones nadie podría ayudar, pero quien piensa en eso, nosotros vivimos ese momento a solas con la naturaleza, a solas con el silencio.
Parecía un día cualquiera de verano, escalada en manga corta, sin brisas, sin prisas, fueron días como pocos, esperábamos frio y viento, pero fue una agradable sorpresa este calor, fue un regalo y como tal lo recibimos haciendo lo que nos gusta, escalar.